Publicado el 10 de febrero 2026

Durante la última década, User Experience (UX) ha sido un elemento clave de diferenciación a la hora de diseñar productos digitales. Sin embargo, la irrupción acelerada de la inteligencia artificial (especialmente de la IA generativa y los agentes autónomos) está redefiniendo de forma profunda quién interactúa con los sistemas digitales, cómo lo hace y qué espera de ellos.

Estamos entrando en una nueva etapa: el paso de diseñar experiencias exclusivamente para usuarios humanos (UX) a diseñar también para agentes inteligentes (AX). Un cambio silencioso, pero estructural, que marcará la competitividad de los productos digitales en los próximos años.

Durante años hemos asumido que los productos digitales se diseñan para personas. Esa premisa ya no es suficiente. Los agentes de IA (navegadores inteligentes, asistentes autónomos, copilotos digitales) están empezando a interactuar con los sistemas en nombre de los usuarios. Reservan, consultan, comparan, negocian y ejecutan tareas completas. Aquí nace el concepto de Agent-Centered Design y, con él, la Agent Experience (AX).

Los productos que no estén preparados para ser utilizados por agentes —a través de APIs, flujos estructurados o interfaces agent-first— simplemente quedarán fuera del ecosistema. Los agentes elegirán alternativas más eficientes, igual que hoy los usuarios humanos abandonan experiencias deficientes.

La clave no es sustituir la UX, sino ampliarla: diseñar experiencias híbridas donde humanos y agentes colaboran (HAX), y otras donde los agentes son los actores principales (AX), sin perder de vista la experiencia humana cuando sigue siendo relevante.

En un entorno dominado por IA, la confianza no es negociable. Es un factor decisivo de adopción. Así, los usuarios —humanos o agentes— abandonarán sin dudar productos que no sean fiables, explicables o coherentes. Esto exige diseñar experiencias transparentes, seguras y comprensibles, donde el usuario entienda qué hace el sistema, por qué lo hace y hasta dónde llega.

A pesar de todos estos cambios, hay algo que no se pierde: los principios fundamentales de la UX. El enfoque centrado en las personas, la investigación de usuarios, el diseño de flujos y la validación continua siguen siendo esenciales.

La diferencia es que ahora se aplican en un contexto más amplio, donde los “usuarios” pueden ser humanos, agentes o ambos, y donde la experiencia se diseña más como un ecosistema de interacciones que como una interfaz concreta.

La transición de UX a AX no es una ruptura, sino una evolución natural. Las organizaciones que entiendan este cambio y actúen con anticipación estarán mejor posicionadas para crear experiencias digitales relevantes, escalables y competitivas en la era de la IA.