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Ayesa se sube al AVE vasco para supervisar el nudo de Bergara


La Y vasca, la línea ferroviaria de alta velo­cidad que unirá las tres capitales vascas, está abordando la construcción de uno de sus últimos y más complejos tramos: el de Mondragón - Elorrio - Bergara, también cono­cido como ‘nudo de Bergara’. Son apenas 15 kilómetros, pero se trata de un punto estra­tégico en esta megaobra ferroviaria de 4.800 millones de euros, pues es aquí donde se produce la conexión entre los tres ramales.

El nudo de Bergara se ha dividido en tres sectores y Ayesa ha resultado adjudicataria del contrato para hacer la supervisión de la construcción del sector 1.

Con 5,1 kilómetros, este tramo incluye la construcción de dos túneles de vía única de 2,3 kilómetros cada uno -Udalaitz este y Uda­laitz oeste-, así como un túnel de vía doble (Kortazar, con 1,6 kilómetros); el viaducto de Arantostei (20 metros) y el túnel artificial de Angiozar (200 metros). El resultado será un tramo con dos ramales de vía única y otro de vía doble, cuyo coste ascenderá a 134 millones de euros.

Ingeniería

Francisco Ayala, jefe de la Sección de Supervisión de Obras de Ayesa, destaca del proyecto “la complejidad en el territorio, pues se van a construir tres túneles que se cruzan entre sí a distintos niveles. Además, en la zona de salida hay que hacer trata­mientos geotécnicos de las laderas”. Junto a ello destaca que “esta licitación de ingeniería en ferrocarriles es la mayor de los últimos años, por lo que para Ayesa era estratégico conseguir este contrato”.

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Por primera vez, Ayesa ha acudido sola a esta licitación sin necesidad de ofertar en UTE, gracias a la experiencia desarrollada en los últimos años en grandes contratos similares.

“Este aspecto fue una de las causas de que sólo se pudieran presentar 20 empresas. Era un pliego muy restrictivo en cuanto a solven­cia”, indica Ayala.

“En España hemos hecho muchos grandes túneles y para Adif participamos en dos en Levante y Barcelona, que ya están en servi­cio”. A nivel internacional, el mayor el pro­yecto más ambicioso es el Metro de Quito, donde trabajan cuatro tuneladoras a la vez.